DIARIO INTIMO

Lunes, junio 25, 2012

Soy Pablo, y tengo que confesar que siempre me negaba a esa estúpida costumbre que tienen algunos de llevar un diario íntimo. ¿Para qué anotar, día por día, las cosas intrascendentes que me vienen sucediendo en estos últimos 32 años, es decir desde que nací?
Bueno, eso era lo que pensaba hasta el mes pasado. Ahora la cosa es diferente; ahora todo, absolutamente todo lo intrascendente ha dejado de serlo.
Por eso ahora, a cada día de mi vida lo escribo en un cuaderno Avon rayado, para leerlo a la noche, cuando no me puedo dormir. Y pensar que antes nunca leía. Si hago memoria, en estos últimos años, sólo La Voz… la sección de Deportes, claro, porque si hay algo importante en la vida es seguir la campaña de Talleres. Porque no sé si a todos les pasará lo mismo, pero para mí Talleres es más importante que mi vieja, y eso que a la pobrecita la tengo en un altar desde que falleció, hace cinco años. Pero que Dios me perdone, Talleres es Talleres…
También guardo recortes con fotos de las goleadas (que últimamente no son muchas) y con los comentarios que hacen de los partidos. Los buenos comentarios, eso sí, porque cuando dicen pelotudeces me agarran ganas de tirar todo a la bosta.
Hace un mes mi vida ha dado un vuelco. Ahora estoy de novio. Marcela es bárbara, me quiere un montón, me aguanta todo, ¡hasta que la deje los domingos para ir a ver a Talleres!
Me parece que la cosa va en serio, y en cualquier momento hago una barbaridad: me caso. Al menos eso es lo que me dice el Omar, mi mejor amigo, que ya se casó hace como dos años con la Clarita. La verdad es que estoy con ganas de casarme, y de tener dos hijos, que espero que sean varoncitos para hacerlos socios de Talleres.

Con Marcela nos conocimos un jueves 13, durante la cena anual de la Fábrica de Candados “El pajarito de oro”, donde yo trabajo como cerrajero. Pensar que cada vez que el jefe me decía que tenía que ir me agarraba unas broncas bárbaras…
Esa noche me puse la campera de cuero y el pantalón clarito; y no es por contármela, pero tenía un pintón bárbaro. Llegué y estaban todos los muchachos del taller. Al rato el Darío, que viene a ser mi jefe, me dijo:
– ¿Querés que te presente una mina? Es la auxiliar de Tesorería, está re-buena y anda con ganas de ponerse de novia.
Yo le dije que sí, total, ¿qué perdía…?
En la comida cruzamos pocas palabras, pero al despedirnos quedamos en encontrarnos otro día para ir a algún lado.

El domingo 16 a la tarde la llamé por teléfono y la invité a salir; la pasamos muy bien, hicimos de todo, hasta me aceptó la idea de ir a un telo. Llegar fue un poco complicado. Ella no quería ir a uno cualquiera, así que buscamos el que le había recomendado su prima, pero fue todo un despelote. Después de andar un rato en el Dunita llegamos, por fin al lugar. En realidad no era un hotel por horas, sino una pensión mugrienta, que te alquilaba las habitaciones por el día entero. Nos metimos rápido: yo estaba ansioso y ella me parece que con muchas ganas. Pasamos la noche dale que dale.
– Qué linda que sos – le dije, en un arranque de amor.
– ¡Vos estás al palo! – me retrucó ella.
El lunes 17, al despertarnos, descubrimos que el mutuo aliento matutino cagaba nuestro romance. Nunca me había pasado algo así; juré ir al dentista apenas pudiera.

El viernes 21 salimos de nuevo. Fuimos a cenar a una parrillada que queda cerca de la casa de ella; después, a tomar un helado. Mimo va, caricia viene, pasamos la noche de nuevo en el hotel. El sábado me desperté con la sensación de que algo importante sucedería en nuestras vidas. Antes de despedirme tomé la decisión: sin pensarlo más, le dije que quería casarme con ella… no ya, por supuesto; en los próximos meses.
Se puso más contenta que llave en cerradura engrasada, y enseguida empezó a hacer proyectos. Se imaginaba cómo iba a ser la fiesta, qué vestido se iba a poner, y todas esas boludeces que piensan siempre las minas… Yo estaba muy feliz y la miraba embobado.

De repente sentí que había vivido 32 años al pedo, y que a partir de ahora empezaba otra cosa, mucho más fuerte.
Por eso decidí escribir este diario, pienso que desde ahora todo lo que me pase será importante. Más adelante, cuando mis hijos sean grandes, leyendo estas cosas, van a poder entenderme. Así no les pasa lo que me pasó con mi viejo, que murió cuando yo era chico y nunca pude saber lo que pensaba.
¡Y yo que creía que en mi vida nunca pasaba nada…!

Pedro Félix Alonso (8 textos más)

Nací hace un montón de años en un pueblito llamado Concepción, en la provincia de Tucumán. Vivo desde niño en la ciudad de Córdoba. Soy Arquitecto egresado de la gloriosa UNC. Felizmente casado con una brasilera maravillosa, tengo dos hijas y dos hermosísimos nietos: Peter y Santiago


4 Comments

  1. PEDRO dice:

    GRACIAS POR LOS ELOGIOS. SON MUY AMABLES

  2. Azul Cabrera dice:

    Esta muy bueno Pedro me encanto, tuviste un esfuerzo.
    Azul

  3. ale dice:

    Costumbrista, un esfuerzo todo! Me gustó que te pusieras en esa piel! Felicitaciones. Ale

  4. sofia dice:

    Me encanto Pedro, muy lindo, ágil y directo.
    Sofia

Deja un comentario