Archivo de ‘diario de desvelos’

¡Feliz Año Nuevo! Que este 2012 te reserve más principios que finales.

Mi manera de despedir con vos este año que se va es compartiendo lo más preciado para mí: el acto de crear a partir de la escritura. Y sabiendo que nos moviliza esto mismo, bajo la voz, me llevo las manos a la boca y comienzo a susurrarte al oído cómo llegué a escribir una serie de cuentos que terminé apenas unos días atrás.

 

Historia de una historia

Cerca de mediados de año me encontré con un psicólogo que en un momento me comentó que nuestros padres (usualmente sin quererlo) suelen dejarnos alguna de estas cinco heridas en el alma: humillación, rechazo, abandono, traición e injusticia. Sanándolas, nos elevamos como personas.

Este concepto quedó rondándome hasta que un día le hice leer a un amigo un cuento que escribí unos años atrás llamado El soldado. Apenas abrí el archivo -hacía mucho que no lo leía-, lo primero que sentí fue que el relato tenía mucho por mejorar (sí, un cuento de mierda, básicamente)… pero inmediatamente después, todas las fichas del casino del Universo me cayeron encima. El momento de la apuesta había llegado: no sólo mejoraría ese cuento usando el concepto que surgió en aquella charla, si no que además haría una serie de relatos que cumplimentaran los siguientes desafíos:

  • Ser más más psicológicos que bélicos.
  • Tener una interrelación.
  • Comenzar en el presente y hacer una prospectiva en el tiempo, con las diferentes guerras que se auguran. 
  • Retratar todas las armas: ejército, marina y fuerza aérea.

Me llevó mucha investigación y noches de bazuquearle el rancho al duende de la inspiración (andaba mezquino), pero finalmente concluí esta serie de cinco cuentos que llamé Militia.

Si querés leerlos ponete el chaleco (el antibalas y el de fuerza) y hacé CLIC AQUÍ

Paraguay y Uruguay juegan la final.

Plin plin plin… El cursor me llama y yo quiero ver el partido.

Plin… Podría hablar de la vacuidad de la sombra, definirla como un ser que no fue y que vaga, atormentado y atormentador, por los pasillos estrechos del infinito, esperando el veredicto que lo condene a la existencia o lo redima en desaparición. También de la velocidad clandestina del alma cuando se cruza con el dilema de la carne, con el subterfugio de la consciencia, con el aquelarre de la vida.

Plin… Miro a lo lejos, la pared unos pasos más allá. La trepo. Me imagino con cuerdas  y uñas clavadas en rendijas, sobrepasando nubes. Me persiguen, ¿o persigo? Da lo mismo. Me detengo al llegar a lo alto del castillo. Dos ejércitos están a distancia de lanza, los generales los recorren de lado a lado, a punto de bajar la espada. Pero da lo mismo y en el acto se convierten en hierba y parque.

Plin… Una flota de camiones se detiene. Un tercer ejército, de operarios vestidos de azul, descarga y monta parlantes, escenarios, luces, pistas. Horas más tarde vendrá gente vestida de flúo, de plateado, con cosas que se prenden y se apagan. El DJ estará en lo alto, como un sacerdote que, repetitivo y redundante, sostendrá con su mano  izquierda el auricular left sobre su oreja izquierda y, con la derecha arengará a los fieles… a todos menos a dos que, amparados por la multitud, se intercambiarán mochilas: en una, la paga descomunal; en otra, el pergamino que podría cambiar la historia de la Humanidad.

PlinClac clac clac… Tacos altos sobre baldosas mojadas. Giran en una esquina pero no resbalan: una fuerza sobrenatural los hace levantar vuelo, rescatándolos de una humanidad que desangra su reflejo en pupilas más negras que ese único testigo quien, vestido de estrellas, se jurará silencio una vez más.

Plin… Alguien ama a alguien que se casó con otro alguien y ahora riega su arrepentimiento con lágrimas en playas soñadas y vodka del mejor. El primer alguien ahora es alguien. Creyó que así conquistaría a su alguien, pero los años le confirman que debiera haber seguido siendo ese nadie rechazado, pero feliz. El último alguien hace de cuenta que no ve. Le ha tocado ser el patán de la historia y no lucha contra la tiranía de su creador, de hecho le agradece la capacidad de la que ha sido dotado: disfrutar como marrano del fango ajeno.

Plin plin plin… Su intermitencia me aturde.

Uruguay salió campeón y yo recuerdo lo malo que era jugando al fútbol, cambiando más temprano que tarde las tardes de pelota por siestas de Rasti y tomos de “El tesoro de la juventud”.

Plinnnnn… El cursor me retumba en los ojos. Su método de tortura me doblega finalmente y me obliga a confesar que hoy no sé de qué escribir.

  1. Leer no te va a convertir en escritor. Escribir sí.
  2. Leer te va a dar muchísima más calidad, pero también hay contenido en la televisión, en el cine, en el teatro y en la fuente más poderosa: la vida misma. No te prives de contenido.
  3. Escribí aquellos textos que te gustaría leer. Leé aquello de lo que te gustaría escribir. En ambos casos, para saber qué, tenés que gastar mucha pupila. Si estás en plan de ahorro, los invitados a tu texto te van a criticar la fiesta.
  4. NO aburras. Acordate que competís contra todo lo mismo de lo que te nutrís (y te mencioné antes)… ¡ah! y ahora que me acuerdo, también la Play y el celular. El lector es un niño en el asiento de atrás. Si no sabés cómo  entretenerlo TODO el viaje, se va a bajar del coche sin que puedas hacer nada.
  5. Sé claro y sintético. El lector es holgazán: quiere saber de qué va la cosa con el menor esfuerzo posible; y también es ignorante: no sabe lo que tenés en tu cabeza.
  6. No le prestes atención a tus estudios. Borges tenía un secundario, Sábato era físico, Cortázar, maestro de escuela.
  7. ¿Sos cardíaco? ¿Ansioso? ¿Baja autoestima? No escribas. Este “negocio” no es para vos.
  8. ¿Pensando en escribir EL libro universal? Pensá mejor en segmentos de lectores. Recordá que la Biblia es EL best seller, pero los budistas apenas si lo han sentido nombrar (…y son miles y miles de millones).
  9. ¿Pensando en escribir la historia jamás contada? Buena suerte. Sólo en Occidente, los griegos ya lo contaron todo hace miles de años. Lo único que ha cambiado es la forma de contarlo y los gadgets: antes era una paloma mensajera, hoy es un email.
  10. Si lo que escribiste no te resuena en el pecho, difícilmente el lector escuche su música.
  11. ¿Cómo pensás en competir contra otro escritor? Más vale competí contra vos mismo. El texto que estés escribiendo ahora tiene que ser mejor que el anterior.
  12. Corregí hasta CASI la obsesión, pero parate en el límite o te vas a desbarrancar por la espiral (y el mareo dura mucho tiempo).
  13. Pase lo que pase, nunca te vas a despegar de vos. Cada personaje que compongas va a tener algo tuyo. No le rehúyas a este hecho, más bien amigate.
  14. Hacé catarsis escribiendo. Es material de primera. Te da ladrillos, arena, cemento. El arte está en cómo los uses.
  15. ¿Hay algo más importante que debas hacer en este momento que escribir?

Hay momentos en que una novela en gestación se transforma en un embudo.

Conscientemente, hay temas que no quiero tocar. Pero después, subyacente, está esa fuerza que me va a empujando a investigar acerca de eso mismo de lo que no quiero hablar.

¿Finalmente tendré que leer el libro de Enoch, ese libro incierto y blasfemo para los judíos nacidos antes de Cristo? ¿Encuentro de humanos con ángeles? ¿Los gigantes nacidos de éstos y las mujeres, desaparecidos en el Diluvio sin dejar huellas? ¿La descripción del interior de un supuesto OVNI, hecha por Enoch, hijo de Caín, nieto de Adán?

La tentación a hablar de eso es mucha, el papelón resultante también.

Trato de pensar en otra cosa… abro el libro de Enoch. Ya voy por el capítulo 11.

Hoy miércoles mi viejo se va a España con dos copias de Rex Deus para participar en dos concursos. 5 kg de barrabasadas escritas. Pobre.

Yo me quedo acá, viendo cómo resuelvo un cuento que comencé a escribir que quiero darle un perfil más psicológico (sí, así como está, suena idiota). También tengo otro cuento en la gatera, listo para largar y tomado de la realidad misma (y resisto la tentación de agregar “…que excede a la ficción”).

La novela, sí la novela nueva, su nombre en código “36″. Va queriendo tomar forma. Disfruto de la primera escena en mi cabeza, abriéndose paso entre las voces. Había decidido que sería la continuación de “La serpiente y el león”… había.